Inspiración  Mensajera 


Hola , yo soy María Angélica y te doy las gracias por visitar mi rinconcito de creatividad.

Inspiración es para mí cuando los mensajes fluyen como agua cristalina.



 

Me gusta escribir

A tí que me estás leyendo, deseo darte la bienvenida  a mi  página "Inspiración Mensajera" la he titulado así, porque solo cuando siento esa íntima conexión con mi más profundo ser, estoy inspirada para crear. Sólo entonces fluyen en mí, mensajes de palabras cariñosamente tomadas de la mano, ideas nuevas y viejas desempolvadas, imágenes con una variada gama de matices, sueños donde todo es posible y fantasías que vuelan en burbujas de jabón para alcanzar esos mundos infinitos. Y así como llegan, esos pedacitos de mí misma, vuelven a salir transformados en mis escritos que yo deseo compartir contigo.



Pedacitos de Pensamientos

Mis reflexiones, lo que me mueve y me conmueve, lo que me inquieta y admiro, lo que me enternece y me emociona. Lo que me hace oscilar en la montaña rusa de la vida.

Etimología de Inspiración Mensajera

La palabra Inspiración viene del latín compuesto de el prefijo in- (hacia dentro, inflar). El verbo spirare (respirar, de ahí la palabra aspirar). El sufijo -tio (-ción) que indica "acción y efecto".

La palabra Mensaje de orígen latino, se formó a partir de missus, el participio pasivo del verbo mittere, uno de cuyos significados era 'enviar' (ver misa). En francés antiguo, missus adquirió la forma mes (enviado), y se unió al sufijo -age, dando lugar a message. Esta forma llegó al castellano antiguo como mesaje antes de adoptar su forma actual.


 La mágica emoción de ser humano

Mucho polvo acumulan mis zapatos de tantos pasos dados. He caminado por valles y montañas, por desiertos y bosques mojados. Mis ojos se han deslumbrado una y mil veces de amaneceres, de puestas de sol en el mar, de ver el mundo desde las alturas hasta donde mis pies me han llevado. Tengo grabado en mis oídos el canto de los pájaros y noches enteras de conciertos de grillos con estrellas temblorosas casi cayendo sobre mis manos. 



Solo cuando abrimos y agitamos las alas podemos volar.





El Horno de Barro

La mitad de mi vida estoy en tierras lejanas, recordando Chile y nuestro horno de barro. Con amor y tradición mamá y papá lo construyeron, sus manos crearon forma con ladrillos, tierra y paja. Cúpula rústica de boca generosa, fumarola volcánica mirando al cielo. Actor principal de fiestas y encuentros.  
En el patio los hombres bebiendo vinito tinto, mi padre metiendo al horno sarmientos de parra secos y una radio a pilas transmitiendo el partido de fútbol del domingo. Mi madre y mis tías apretando la cocina de bromas, cantos y risas. Desgranando porotos, cortando cilantro y para la masa manteca derretida.
Perro y gato rondando y niños corriendo. El horno de barro cual saltimbanqui escupiendo humo y fuego. Brazas candentes, empujando inolvidables bocanadas de aromas a pan amasado, carnes y empanadas. Nada faltaba. ¡dichosa vida sencilla y perfecta


Gracias

Siete letras enlazadas por un número mágico. Hoy he amanecido dando gracias. Ayer he compartido mi página web con mi familia, amigos, conocidos, personas maravillosas que en diferentes rincones de este mundo forman parte de mi vida y me han colmado de un ramillete de palabras cariñosas y motivadoras. A todas y todos muchas gracias. Gracias es una palabra que nos sube las energías, nos deja con un buen sabor en el alma. Gracias es el perfecto equilibrio entre dar y recibir. Gracias


Trocitos de mis cuentos

La chilena y su marino holandés 

Por el mar vino y por el mar se fue. Hoy me imagino a mi esposo como una ola gallarda, imponente, de esas que se estrellan contra las rocas y siguen su curso como si nada para terminar deslizándose con suavidad sobre la arena, como si al final solo quisiera dejar una caricia.

Cuando los corazones vibran en la misma frecuencia se borran las dimensiones del tiempo y del espacio y surgen renovados en una realidad surrealista, fantasía infinita, magia etérea, existencia divina. 

Él es la presencia invisible abrazando a los suyos, guiándonos como buen marino con la brújula de su sabiduría, para que todos encuentren el puerto donde ser felices. Mi marino encontró un día el más bello tesoro, y aunque le tocó recorrer medio mundo, no dejó escapar el amor. Él sabía que en todo el planeta no había otra igual. Se enamoró de mi musicalidad, alegría, entusiasmo, de mi cariño. Una «diosa del sur», me decía. Él me veía generosa y agradecida, capaz de crear felicidad en mi entorno como si fuera la cosa más natural. Lo seguí haciendo todos los años de nuestra maravillosa vida juntos...

Amistad 

Mis emociones, libremente se sumergían en mi amigo,
el de ojos cristalinos y de alma más cristalina aún.
Confianza, secretos, gestos, miradas cómplices.
Me escuchaba con paciencia, y se reía suavecito
de mis sueños y entresueños, locuras y deseos.
Impulsividad e imprudencia, envueltas en mujer joven,
nunca me criticaba, de él sólo trascendía armonía.
Yo me sentía bien a su lado, a veces sin palabras,
me sonreía con su mirada de estrellas lejanas,
y caminando por la playa lanzábamos piedras al agua,
simplemente para que las olas las arrastraran
más lejos de donde nosotros estábamos.
Como niños jugábamos, como niños nos divertíamos.
Él era ligero como las hojas mecidas por el viento,
sus pasos parecían acariciar silenciosamente la tierra...


Madre

Madre, tú has sido el árbol frondoso que me ha dado sombra cuando la he necesitado, tu tronco ha sido el apoyo de mi espalda para descansar mi cuerpo después de una larga jornada, tus ramas me han dado frescor y me he divertido observando la luminosidad de tus hojas moviéndose como espejos para dejar pasar uno que otro rayito de sol. Mamá, con tus raíces bien inmersas en la tierra, jamás he olvidado de dónde vengo y a dónde voy. 

La cuarentona

En casa, mi ritual de cada día era mirarme al espejo. No me permitía ni una arruga exagerada, ni la pérdida de elasticidad en la piel. A mis ojos seguía estupenda y las miradas de mujeres y hombres lo confirmaban, pero cuando me distraía acababa siempre preguntándome si no habría sido un error separarme de mi marido. 

En ocasiones me encontraba con él por la calle. Después de un tiempo él se había vuelto a casar. Su nueva esposa no era competencia para mí y, sin embargo, cuando los veía alejarse, ni tan jóvenes, ni tan viejos, ni tan gordos, ni tan flacos, algo se me removía, algo que se manifestaba como un cosquilleo en mi estómago y en una aceleración de mi corazón, pero no lograba saber exactamente qué era lo que sentía. Y como no deseaba indagar mucho en aquellos pozos oscuros de mi interior, prefería irme de tiendas y comprar algo bien provocador.